Lo que Red Dead Redemption 2 significa para la 9na generación

Red Dead Redemption 2 no es perfecto, pero sí es un excelente juego, cuyo complejo mundo e inédito nivel de interacción con el mismo alcanza niveles impresionantes. Pero de eso ya se ha hablado bastante, de lo que quizás no tanto es sobre lo que RDR2 representa como producto: un desafío a futuro. Puesto que esta obra establece un mínimo estándar al que toda producción AAA debiese aspirar en cuanto la novena generación de consolas llegue.

 

 

Ciertamente, nadie puede negar que el mundo creado por Rockstar en RDR2 es por lo menos un contendiente al mejor “sandbox” o mundo abierto hasta la fecha. Hay quienes reclaman por el nivel de “player agency” -entendiéndose esto como el nivel de influencia que el(la) jugador(a) puede ejercer en el mundo dispuesto-. Y la verdad es que sí, si hay instancias en las que el inmenso mundo abierto se cierra para ofrecerte sólo un camino y sólo una forma de transitarlo, sacrificando toda su libertad en honor a su historia; un justo precio (?). Sin embargo, no creo que se deba necesaria y exclusivamente a intencionalidades, sino, también, a limitaciones en la producción que ya de por sí era tan grande que terminó sufriendo de los usuales problemas asociados a producciones de semejante calibre, aunque allí hay otro tema a tocar.

 

 

En el ocaso de esta última generación de consolas (exceptuando Nintendo que corre su propia carrera y a su propio ritmo), RDR2 logra lo que muchos proyectos con un presupuesto similar deberían haber logrado ya a estas a alturas, una verdadera producción AAA. Quiero decir, en cuanto la nueva generación arribe, todo título con magnitudes de producción semejantes deberá apuntar por sobre lo que Rockstar ha logrado con RDR2 y eso, con reparos y salvedades incluidos, es algo que a todos(as) nos conviene. Lo que a nadie le sirve, por otro lado, son las malas prácticas de la industria respecto a sus trabajadores(as), que se han puesto en evidencia con especial lujo de detalles los últimos años. Dentro de esto, Rockstar ha jugado un papel infame, pues es bien sabido el nivel de crunch, es decir, sobre-exigencia, jornadas laborales insanas, etc., para lograr lo producido. Detrás de este hermoso e increíble mundo hay mucho trabajo en malas condiciones, y ello también supone un desafío a enfrentar pues, estando en vías a la nueva generación, urge subsanar las consecuencias de esto y erradicar la explotación laboral.

 

Otro gran significante que supone RDR2 es que se alinea a la “resistencia” dentro de la industria. Los videojuegos como servicio (aquellos productos que se lanzan para luego en el camino terminar de convertirse en lo que debieron ser en un principio, y desde allí ofrecer actualizaciones continuas) habían llegado para quedarse. Digo “habían” porque pese a que continuarán siendo una potente y protagonista propuesta, no han terminado de asentarse como una garantía de entretenimiento de calidad, al menos no en su mayoría. Los juegos single player ciertamente se han visto afectados por su fuerte presencia, llevando a algunos-menos-criteriosos a pronosticar su “muerte” incluso. No obstante, a punta de grandes títulos y la complicidad de la hasta-ahora irregular competencia de los videojuegos como servicio, las campañas de un sólo jugador han recobrado el protagonismo de antaño. RDR2 es parte de esa resistencia, si acaso no uno de sus más firmes bastiones incluso. Claro está que omito -oportunamente- el modo multijugador de RDR2, pero es que esa es "harina de otro costal" y su campaña single player se ha mantenido de pie y orgullosa frente a su dudosa y algo endeble alternativa online. Ello es algo que toda producción AAA con elementos narrativos –independiente del grado- debiera tener como prioridad, una cuidada sustancia, pero sobre todo en la próxima generación.

 

 

RDR2 es un título imperdible, pero sobre todo es un título importante, pues su presencia en el mercado planta cara a la nueva generación con una mano en el grip del revólver, las piernas plantadas como anclas al árido suelo y una mirada aguda poco amigable levemente escondida bajo el sombrero.